Debido a la contingencia política del país, se vio de imperiosa necesidad hablar de las leyes de competencia ¿ayudan o entorpecen al libre funcionamiento del mercado? Y por ende, a la prosperidad de los ciudadanos.
La mejor ley de competencia es la que no existe. No encontramos más que sofismás politos que validaran la iniciativa (esto nos hizo reflexionar si lo que hay es un profundo desconocimiento del mercado o malas intenciones). Cosas como la competencia potencial, los bienes sustitutos y la elasticidad de la demanda son naturales y mucho mejores para evitar monopolios nocivos para la población. La ley de competencia parece más bien apuntar a beneficiar a los amigos de los políticos, a los empresaurios o cooperativistas, pues parece regularse a todas las empresas menos a las que son amigas y financian al poder político.