Este texto corresponde a un artículo elaborado por Mises para la reunión de la Sociedad Mont Pélerin, en 1951.
La naturaleza económica de las pérdidas y las ganancias
1. La aparición de pérdidas y ganancias
En un sistema de libre mercado capitalista, las empresas trabajan bajo la soberanía del consumidor, siendo solo aquellas que mejor y más barato puedan producir lo que los compradores demandan, las que sobreviven. Las que no pueden seguir la voluntad del consumidor, sufren pérdidas y son desplazadas de su posición de mercado.
Tanto las pérdidas como las ganancias son fenómenos producidos por el entendimiento intertemporal de las necesidades de los consumidores por parte de los empresarios.
Las ganancias se producen cuando, por medio de un cálculo intertemporal, el empresario es capaz de prever el precio futuro de su producción y, basado en esa especulación, juzga que el precio de algunos o todos los recursos necesarios para la creación de ese bien es bajo. De esta manera, si tras sumar todos los costes de producción estos son inferiores al precio de venta, se produce la ganancia como la diferencia entre el coste total y el precio de venta.
Las pérdidas, por su parte, se producen cuando el empresario juzga erróneamente el precio de su producción y, tras sumar todos los costes, estos superan al precio de venta; la diferencia entre el coste total y el precio de venta es la pérdida.
Si todos conocieran el estado futuro del mercado, no habría ni pérdidas ni ganancias, pues se sabría el precio al que cada factor debe comprarse para producir cada cosa. Dado el inmenso volumen de información, nunca es posible determinar para qué exactamente se usarán los factores productivos ni cómo los valorará el mercado, por lo que esto da lugar a las pérdidas y las ganancias.
2. La distinción entre beneficios y otras ganancias
Muchos errores se cometen al utilizar el término beneficio para todas las ganancias residuales de un empresario. También son muchos quienes se equivocan al confundir la actividad empresarial con la innovación y las nuevas tecnologías.
El primer error se debe a la asociación de ingreso con utilidad; el segundo, a la asociación que estos tres conceptos tienen. Sin embargo, no es función del empresario innovar o aplicar nuevas tecnologías, sino satisfacer la demanda de los consumidores de la manera más eficiente posible. Esto implica que muchas veces no es necesario innovar, sino solo aumentar o disminuir la producción según manden los intereses del consumidor.
El quehacer del empresario consiste en ser un tomador de decisiones, en juzgar qué factores y métodos productivos pueden ser utilizados para satisfacer las demandas de los consumidores con la mejor calidad al menor precio. Una manera clara de distinguir entre empresarios y no empresarios es que solo sobre los empresarios recaen las pérdidas del capital empleado.
3. Gestión sin ánimo de lucro
A diferencia de las empresas con ánimo de lucro, las empresas sin ánimo de lucro son soberanas, solo están limitadas por la cantidad de capital que tengan, y es por ello que pueden desviar las preferencias del consumidor.
La institución pública, a pesar de que es necesaria y prioritaria para el bienestar social, no puede comprarse y venderse (los servicios de seguridad y justicia), como se hace con otros bienes, es por ello que no pueden someterse al régimen de pérdidas y ganancias. No pueden compararse los costes contra los beneficios. Esto haría que los servidores públicos fueran déspotas e irresponsables si no estuvieran ligados al sistema presupuestario, donde se da una cantidad clara de dinero que se puede gastar, y en un tema determinado. Es por ello por lo que los administradores públicos se transforman en burócratas, dependen de leyes y regulaciones para no despilfarrar el dinero, ya que no hay gestión de mercado, esta es la única posible.
4. El voto del mercado
En el mercado hay un plebiscito constante, todos los consumidores votan repetidamente en el tiempo, de ahí que los empresarios exitosos han sido elegidos de manera prolongada en el tiempo como aquellos que mejor han logrado resolver las necesidades de los consumidores en el pasado próximo.
Esto nos hace ver que no hay una especie de “nobleza” en el mercado, por lo que no es condición de éxito ser el heredero de una empresa exitosa ya establecida, si el heredero es malo en prever el estado futuro de las necesidades de las personas, esa empresa descenderá de su anterior posición dominante.
En este sentido, no es que los empresarios sean buenos o inteligentes en términos absolutos, sino que son mejores y más inteligentes que el promedio: se equivocan, pero menos que los demás.
Con relación a la producción de bienes, hay algunas acusaciones que se le hacen a los empresarios que no están justificadas. En primer lugar, cuando el mercado es libre y una industria no se da abasto (la demanda excede la oferta) hay quienes achacan esta ausencia de nuevas empresas a las empresas que ya están en la industria, esto es contradictorio pues no se puede juzgar precisamente al que ya está en la industria, siempre y cuando esta empresa no tenga un privilegio coactivo se da por entendido que si no entran más empresas es porque no hay más factores productivos para producir lo que los consumidores desean, esto implica que algún empresario usó estos factores para producir algo no demandado y, por tanto, asumirá las pérdidas.
Cuando dos productos son igualmente rentables, es difícil criticar al empresario que desea invertir su capital en partes iguales para ambos productos. Aunque se considere que uno de los dos productos es más esencial que el otro para la vida, si su rentabilidad es igual, entonces el mercado opina distinto. Por ejemplo, si el pan y las bebidas alcohólicas son igualmente rentables, no se puede criticar al empresario que invierte su capital por partes iguales en ambos bienes, aunque individualmente se pueda creer que el pan es más esencial que las bebidas alcohólicas.
Sobre si las elecciones de los consumidores son superfluas, equivocadas o perjudiciales para ellos mismos, estos juicios solo se pueden hacer desde un punto de vista “superior”, como un filósofo, pero desde la óptica de mercado, solo se satisface lo que la gente quiere, no es trabajo del empresario juzgar si es correcto que lo quiera o no.
5. La función social de las pérdidas y las ganancias
En la economía de libre mercado, tanto las pérdidas como las ganancias son resultado de un desajuste entre las necesidades de los consumidores y los factores productivos utilizados para producir aquellos bienes que satisfagan esas necesidades. Cuanto mayor sea el desajuste, mayor será la ganancia que reciba el empresario por resolverlo.
En una economía de giro uniforme (equilibrio general estático o competencia perfecta) no hay ni pérdidas ni ganancias, pues toda la información es constante y dada. Algunos economistas utilizan este modelo para mirar con recelo los beneficios empresariales y los definen como la diferencia positiva entre el capital invertido y el estado final de las operaciones de una empresa.
Las ganancias, sin embargo, no son producto del capital. El capital es inerte y, sin la mente, no produce. Son las decisiones empresariales —el ejercicio mental de anticipar las necesidades de los consumidores— las que las generan como diferencial intertemporal entre la valoración de los factores productivos.
De ahí que, quien tiene más ganancias (en libre mercado) es quien supo gestionar los factores productivos de manera más eficiente para servir a la sociedad. Los impuestos sobre las utilidades son, entonces, gravar el éxito en servir a la sociedad.
El desconocimiento de estos temas hace que algunas personas critiquen los beneficios por ser excesivos; si no lo fueran, significaría que el empresario fue menos audaz en coordinar intertemporalmente las necesidades de las personas. Además, la verdadera función social de las pérdidas y las ganancias es dirigir el capital hacia las personas que mejor saben servir a las necesidades de los consumidores y así seguir sirviendo de manera eficiente al consumidor, pues solo el empresario que reinvierte y ahorra la mayor parte de las ganancias tiene éxito a largo plazo.
6. Pérdidas y ganancias en la economía en progreso y en retroceso
Cuando el PIB per cápita crece, está en progreso, cuando decrece, está en retroceso, y cuando se mantiene se dice que la economía está estancada. En una economía estancada se sabe que las ganancias de unos, son las pérdidas de otros. Sin embargo, cuando las ganancias se destinan a satisfacer otras necesidades no satisfechas las ganancias que provengan de esa inversión no perjudicarán a nadie.
Los beneficios se traducen en mejoras en la productividad marginal, aumentos salariales y, en general, un aumento de la prosperidad que permite generar más ahorro.
7. El cálculo de pérdidas y ganancias
En términos de economía pura, las pérdidas y las ganancias son fenómenos que ocurren en la mente, son resultado del juicio tras la comparación entre el estado inicial, los medios empleados y el fin que se buscaba alcanzar. Cuando se está más cerca del fin buscado, es ganancia y cuando se está más lejos, es pérdida.
Por otro lado, en la realidad material, cuando se vive en sociedad y se usa dinero, pueden calcularse pérdidas y ganancias en términos contables restando los costes a los ingresos, si la diferencia es positiva, es ganancia, y si es negativa, es pérdida.
Estas dos formas de pérdidas y ganancias no deben confundirse y ambas existen paralelamente en la realidad, siendo las internas subjetivas, y las externas, objetivas.
Debido a la inflación de los años 40 y 50, muchas empresas parecían tener ganancias “excesivas”, pero cuando se descontaba la inflación o se contabilizaba en una moneda no inflada, se daban cuenta que, o las ganancias no eran tan grandes, o incluso había pérdidas.
Independientemente de esta anécdota, esto dio lugar a que se popularizara el término de ganancias excesivas, siendo que dicho término no es objetivo y nace de la arbitrariedad de un juicio de valor.
La condena del beneficio
1. La economía y la abolición del beneficio
Cuando se dice que el lucro está injustificado, se presupone que este beneficio es arrebatado por los empresarios a los trabajadores y consumidores; esto es lo que se entiende por teoría marxista de la explotación. Como la mayoría de los gobiernos aplican medidas que atentan contra los beneficios empresariales, por lo menos en parte, lo creen.
Por lo general, quienes abogan por la abolición del beneficio empresarial, no lo quieren como un fin en sí mismo, sino como un medio para un fin ulterior: el mejoramiento de las condiciones materiales de los no empresarios. Luego, si estas medidas producen efectos contraproducentes al fin establecido, esto puede hacer que ya no se busque la abolición del beneficio. Ya que no se trata de juzgar un fin, sino un medio, esto es menester de la economía.
2. Las consecuencias de la abolición del beneficio
El beneficio puede abolirse por medio de tres medidas: precios tope iguales a los costes, entrega del beneficio a los empleados e impuesto sobre las ganancias del 100 %. A continuación, se detallarán las consecuencias de cada una de estas medidas.
Si se coloca un precio tope igual a los costes, este precio estaría por debajo del precio de mercado, por tanto, la oferta excedería a la demanda y no se podría asignar este bien a las personas que más lo necesitaran, ya que se rompe el proceso de mercado, se debería aplicar un sistema de racionamiento.
Si se desean repartir los beneficios entre los trabajadores, las pérdidas seguirían siendo soportadas por el empresario, y los trabajadores destinarían la mayor parte de los beneficios al consumo y no al ahorro, pues el aumento marginal de los beneficios no sería superado por la inversión de capital. No habría capital disponible para potenciar la producción de las ramas más solicitadas ni se podría desfinanciar a las ramas menos exitosas; la empresa se transformaría en una pelea multisindical constante y se desatenderían las necesidades del consumidor.
Si se colocara un impuesto sobre las ganancias del 100 %, los empresarios pasarían de ser tales a ser simples administradores; esto los haría más irresponsables y despreocupados de las necesidades del mercado.
3. Los argumentos contra el beneficio
Todos los argumentos contra las ganancias suelen ser esgrimidos por gente que desconoce el proceso de mercado. Afirmaciones como que los empresarios son demasiado grandes o tiránicos, que la grandeza de por sí ya es un mal o que la riqueza de unos pocos es la causa de la pobreza del resto de la población son algunos ejemplos.
Hemos de recordar que los empresarios de éxito son aquellos que mejor previeron las necesidades de los consumidores en el tiempo. Por tanto, las grandes ganancias son fruto de su agudeza y las pérdidas, de sus desaciertos. Si el mercado es libre, los responsables últimos de la grandeza o insignificancia de un empresario son los consumidores, pues, a fin de cuentas, su mayor interés material es que los factores de producción estén en manos de quienes mejor saben administrarlos.
4. El argumento igualitario
Se considera que la mayor falencia del capitalismo es la desigualdad en la distribución de la renta que se produce en este sistema. Los políticos progresistas e izquierdistas abogan fervientemente por la igualdad en los beneficios. Esta igualación, sin embargo, nunca se contempla hacia abajo: los políticos igualitaristas nunca contemplan dar parte de sus ingresos a quienes tienen menos que ellos; siempre van por quienes tienen más.
Siguiendo este mismo argumento, no hay razón para que la igualación se dé de esta manera. Además, en la misma línea, no hay motivo para que se dé solo en un país; puede ser perfectamente a nivel mundial. De esta manera, hasta el trabajador más desfavorecido de un país próspero debería distribuir sus ingresos con los trabajadores de los países pobres.
5. Comunismo y pobreza
Se suele creer que las personas son o piden socialismo porque son pobres y creen que las medidas de estos sistemas los sacarán de esta condición. Lo realmente importante es ver si los medios son congruentes con el fin que se proponen, esto es, acabar con la pobreza.
No puede atribuirse necesariamente a la condición material de pobreza la atracción por las ideas socialistas. Lo que conduce a estas ideas es el desconocimiento de la ciencia económica, que puede darse involuntariamente por la ignorancia de las personas al no prever los resultados a largo plazo de una política económica, o intencionadamente cuando están motivadas por la envidia y el resentimiento hacia quien tiene más.
Es mala idea aplicar el capitalismo en poblaciones o países que no tienen la mentalidad capitalista. Ejemplo de ello fue el Plan Marshall, que daba grandes subvenciones a las poblaciones europeas. Estas ayudas les permitían paliar y sostener políticas socialistas, escondiendo o retrasando sus inexorables consecuencias y haciendo creer así a la población que era el socialismo el que funcionaba, y no el capitalismo parasitado que lo sostenía.
También es un error señalar que el capitalismo ha fracasado en países subdesarrollados porque en ellos ha aumentado la pobreza. Esto se debe a que no hay una cultura de capitalismo —de ahorro—: los avances del capitalismo frenan la mortalidad infantil y, si la población crece pero la riqueza per cápita no, es lógico que crezca la pobreza.
6. La condena moral del motivo del beneficio
Apenas surge el beneficio, hay quienes dejan de ver este fenómeno con los ojos de un economista para verlo con los de un moralista. Frente a ellos, lo siguiente.
En primer lugar, se acusa al empresario de estar siempre buscando el beneficio y, por tanto, el éxito empresarial. Pero toda acción se emprende con el objetivo de tener éxito, es decir, de no fallar. Por tanto, no hay diferencia fundamental entre el comportamiento de un empresario y el de un no empresario.
Luego, se ignora igualmente que no todos los beneficios son destinados al consumo: es la menor parte la que recibe este uso. La mayor parte de los beneficios se reinvierte o se dedica a otras producciones. Esto es provechoso para la sociedad, pues estos hombres que han sido “premiados” con los beneficios son también quienes mejor saben usar los recursos para satisfacer las necesidades del mercado.
Además, la función de los empresarios es conseguir beneficios, pues estos son equivalentes a solucionar desajustes del mercado. Si el mundo no estuviera lleno de personas que buscaran mejorar su situación material, el mundo estaría en una condición más desolada.
7. La mentalidad estática
Parte de la falta de valoración del rol de los empresarios, y de sus beneficios y pérdidas empresariales, se debe a que muchas personas no son capaces de entender el dinamismo del mercado, percibir la diferencia con el pasado y dejar de ver el presente como algo dado.
Se desconoce la incertidumbre que viven los empresarios y no se dimensiona el rol que juega la acumulación de capital en el mercado. Como se disfruta de los productos ofrecidos por el capitalismo, se los da por sentados y no se reflexiona sobre si existirían si se eliminaran los beneficios.
Curiosamente, este sesgo que tienen aquellas personas que no reflexionan sobre el proceso de mercado, también es compartido por los economistas matemáticos, quienes utilizan el modelo estático de giro uniforme, para intentar explicar el mundo y “arreglarlo”. Esto es un error, pues no hay economía real que sea estática y, por tanto, todas las conclusiones que se deriven de este modelo no serán congruentes con la realidad.
La alternativa
Las personas deben escoger entre socialismo y capitalismo; no hay una tercera vía. Se trata de dejar el proceso de asignación de recursos al mercado o a la arbitrariedad humana. Cada paso que se da hacia el entorpecimiento de la captación de pérdidas y beneficios empresariales es un paso hacia el socialismo.